Encontré una carta escondida detrás de un cuadro,
que daba un número de un lugar,
que pensaba que no existía.
Quizás,de todas las personas a quien le pudiera interesar entrar en dicho lugar, yo era una de las menos adecuadas para hacerlo.
Me sentía algo culpable, me hubiera gustado enseñarselo a Lara, explicarle porque lo había mantenido en secreto durante más de seis meses...pero era incapaz de pronunciar una sola palabra, y el arrepentimiento se hacia eco de todos mis pensamientos.
¿Porqué?
Miré la puerta de madera, carcomida por el tiempo, y los símbolos grabados en ella por algún bándalo...ni siquiera el imbécil aquél lo habría podido averiguar, ni su camarada, ni toda la corte de ansiosos.
Rebusqué en el bolsillo de la chaqueta, sacando una llave tan vieja como la de la puerta,
y me quedé pensativa, mirando cada rasguño que tenía, pareciéndose a las que tenía por dentro...
Los pájaros cantaban a lo lejos, con la luz titubeante que se escabullía por entre las ramas.
La llave.
El silencio empezaba a hacerse algo incómodo, quizás por las oleadas de recuerdos que venían a mí, o porque no me acababa de posicionar.
¿Entrar o no entrar?¿Y si me hacia daño?¿Y si...?
Mi mano se cerró en un puño, con tanta fuerza que se marcó el metal contra mi piel, y deseando que el dolor acallara toda esa marea nausebunda de sentimientos encontrados.
Da igual.
¿Es esto un acto de rebeldía, de egoismo o de locura?
Encajé la llave, y dió varias vueltas hasta que se escuchó un gruñido oxidado: la puerta se había abierto, desvelando un interior perfumado a olvido y polvo
;
A duras penas se podía apreciar nada, pero me adentré sin dudar un minuto más, cerrando la puerta detrás de mi,sin hacer ruido alguno, y colgándome la llave alrededor del cuello.
Parecía un lugar espacioso, por el eco de mis pasos, pero decidí averiguar que más ocultaba ese lugar, encendiendo la linterna:
A pocos pasos se encontraba una mesa redonda, con lo que en su día fue un hermoso ramo de rosas blancas, ahora marchitas y llenas de telarañas, el jarrón era de cristal, y a través se veían las marcas de agua que habían dado vida a las plantas.
En sus respectivos lados habían dos candelabros de plata oxidada, uno con dos velas derretidas y el otro con tres sin estrenar.
Miré a mi alrededor, como si fuera a preguntarme algo absurdo.
Cogí de mi mochila el mechero, y encendí el segundo candelabro
No era la mejor de las ideas, y cualquiera que respetara esos lugares, sabría que no se puede tocar absolutamente nada de un sitio abandonado...aunque, claro, este estaba abandonado pero tenía llave; era la única que podía proteger o manipular el lugar.
Apagué la linterna, guardándola de nuevo, y acto seguido agarré la base del candelabro, alzándolo hacia mí:era bastante pesado, pero algo me decía que sería mejor tener fuego cerca.
Después de esa mesa, se abría un gran espacio que daba a unas escaleras de mármol: en las paredes habían numerosos cuadros, todos intactos, y dos amplios portones de cristal, grisáceos de suciedad.
Pasé rápido, porque parecían albergar salas descocidas que, con dicho juego de luces, parecían ocultar terribles secretos...
No, no era la mejor persona para estar allí.
Subí las escaleras con todo el cuidado que pude, mirando cada rincón con una curiosidad creciente, y rezando para que ninguna araña cayera del techo, que se trataba de una gran cristalera, la única fuente de luz -muy, muy ténue-, se podían ver capas de hojas marchitas que dejaban muy poca iluminación al lugar.
Llegué a la primera planta, la cual estaba decorada con cristaleras, aunque no se podía apreciar des del exterior porque lo habían tapiado con tochos.
Todo recto había una puerta abierta de par en par, que daba a más oscuridad.
Seguí, mientras el aire que respiraba se volvía más denso, y el ambiente más y más frío.
El olor a cerrado colmaba toda la planta, tan pesado que te podías ahogar en el, pero no me detuve.
La primera sala era lo que en algún momento fue la biblioteca: todas las paredes excepto una, donde había una gran chimenea, estaban atestadas con estanterías y estanterías de libros, des del suelo hasta el techo...era una auténtica maravilla olvidada por muchos años.
En un lateral había una mesilla, con dos butacas orejeras a los lados, que invitaban a leer.
No me pude resistir, y dejé el candelabro unos instantes en la mesa, mientras miraba más de cerca los lomos de los libros:
Des de novelas a libros de matemáticas, de biblias a ocultismo y de medecina a botánica.
Habían tantos temas diversos, que parecía que quien quiera que hubiera decidido empezarla,quería llevar la cultura general a una pequeña sala de su casa.
Miré la chimenea: representaba un árbol forjado en cobre, que nacía de la boca donde se ponían los troncos de leña, y que subía hasta el techo, convirtiéndose en un millar de hojas hechas con el mismo material pero lacadas en un cristal verde.
Quizás podía encender un poco de fuego y dar más luz y calor al piso, pero entonces el humo se vería...hasta no se qué distancia...y quizás si viera mejor, vería arañas.
Dubitativa, cogí una de las velas y me acerqué a la base de la chimenea, donde aún quedaban cenizas y...lo que parecía un libro medio calcinado.
Ladeé mi cabeza, llena de curiosidad, y con las pinzas que habían a un lado, saqué del corazón de troncos quemados aquél extraño encuentro.
Me acerqué de nuevo al candelabro, poniendo la vela en su lugar de nuevo.
El libro era más bien pequeño, con las tapas de cuero, decorado con plata en los laterales, aunque poco se podía leer: estaba prácticamente quemado, y solo llegué a entender que era una especie de libro de estudio, entre notas y palabras que parecían castellano medieval, aunque era imposible que datara de esa época porque el estilo de decoración parecía más de los 1900.
Sea como fuere, dejé el libro encima de la mesilla redonda y avanzé a la siguiente sala.
Otra vez me vinieron más recuerdos y arrepentimiento; a Lara le encantaría esto,realmente.
Pero no había podido decir nada hasta que me hubiera asegurado de que este lugar existía...
¿que hubiera pasado, sino fuera real?¿Si solo hubierasido uno de aquellos lugares que se rumorea que existe y al final solo es un cuchicheo?
Apreté con fuerza el candelabro, intentando no pensar en ello.
La siguiente sala era de estar, con grandes ventanas acristaladas que daban al patio trasero: poca cosa se podía ver, de nuevo, entre toda la suciedad del cristal, las telarañas y algunas hoja pegadas en las cornisas.
En las paredes colgaban pesadas cortinas, exepto en un lado, donde de nuevo habia otra chimenea, esta vez de mármol y más clásica, coronada por un cuadro, donde quedaba retratada una mujer bastante joven, de pelo oscuro y ojos muy claros.
A pesar del tiempo, se había conservado bastante bien, exepto por su cara, que tenia un pequeño rasguño.
Llevaba un vestido negro, y en una mano llevaba una complicada llave de plata, con una complicada forma ornamental, tan recargada que parecía una espada en miniatura.
Lo que más resaltaba, sin duda, era su mirada casi blanquecina, con las pupilas violaceas.
Me giré, despistada, hasta el resto de la sala:
habían butacas cerca de los ventanales, unas seis, y dos mesas de té con centros de flores secas, libros, papeles y alguna figura de porcelana.
Deshice todo el camino y subí al segundo piso:
en este caso daba a dos puertas,
empezé por la de la izquierda,que daba a un magnífico salón, debía servir para dar grandes cenas y eventos, puesto que había una mesa colosal de cristal con patas de león en plata;
aún había todos los platos puestos, con sus respectivos cubiertos y más centros de mesa con candelabros, flores y figuras de querubines, ahora sobredecorados con una densa capa de telarañas.
Las paredes estaban decoradas con papel ornamental, modernista, con motivos florales,
Del techo colgaban dos arañas de crital, tan densas que me sorprendía que no se hubieran caido con el tiempo.
En esta sala también habían ventanas muy grandes, pero de nuevo no se podía ver demasiado bien, porque las cortinas estaban hechadas.
Volví al principio, y fuí a mano derecha, donde había una cocina y una sala para los abrigos.
No me cuadraba mucho que todo aquello estuviera en la segunda planta, porque tenía entendido que la vida social era más usual en la primera, pero pensé que era alguna extravagancia de el dueño de la casa.
Finalmente, llegué al último piso, donde solo había una puerta, muy alta y de cristal, a juego con el techo.
Esta vez tube que usar de nuevo la llave, porque parecía estar cerrada con llave, me costó bastante pero al final cedió.
Tube que recorrer un largo pasillo, lleno de cuadros mitológicos sobre Diana, que daba a un gran dormitorio:
Todo en la sala era de seda grisácea, casi plateada, que solo con que le diera la luz, a pesar de los años, resplandecía.
Una gran cama estaba situada a unos metros delante de la puerta, con un majestuoso cabezal lleno de
querubines que sujetaban una pesada corona, del cual descendían capas y capas de encaje que cubrían la cama en sí, haciendo imposible ver que había en su interior.
A los lados de la cama habían ventanas delgadas, cubiertas por delicadas cortinas de encaje.
Cerca habían dos mesillas de noche, con varios candelabros en cada una, que habían derrochado toda su cera hasta el suelo, creando cascadas blanquecinas-parece que alguien estuvo esperando durante mucho tiempo...-.
A mano izquierda habían más estanterias y un escritorio, lleno de papeles, cartas, libros y libretas,
Y al lado opuesto había un tocador inmenso, con un gran espejo quebrantado en pedacitos por toda la mesa,atestada de perfumes, collares, anillos, rosas, maquillaje y más libros a medio leer.
Y a su lado una puerta, que daba a un gran servicio con una bañera de mármol, a juego con el suelo.
En la sala habían una exajeración de candelabros, también con sus velas derretidas hasta su extinción.
Me acerqué a la bañera, y me estremecí al ver que aún había agua en ella: era inusual porque estabatotalmente impoluta, como si la acabaran de llenar.
Dejé el candelabro en uno de los pocos espacios libres cerca, y me quedé mirando el reflejo que hacían las llamas, pensativa.
¿Porqué?
Parecía que, después de tanto tiempo, estuvieraen mi propia casa, como la de Esteve.
Pero como él, me llegaba la duda: ¿Me quedo, la cuido y asumo los riesgos, siendo un refugio solitario, o me voy y olvido su ubicación?
Los reflejos jugaban a ser pequeñas constelaciones en el agua de lapislazuli.
Apoyé las manos en los márgenes de la bañera,adentrando mi cabeza en el agua congelada con los ojos abiertos:
Allí vi mi propioreflejo, albino y sereno, dándome la bienvenida;me acarició los ojos y me serenó el alma.
Cuando volví a la superficie, cogí aire, mientras mi pelo empapado mojaba toda mi ropa y parte del suelo.
Más tarde...
-Y, ¿ que te cuentas ?
-Nada especial...